Principia II – Haciendo las maletas

… y se despertó desconcertada, apenadamente alegre, iracundamente sosegada, pavorosamente tranquila. Sabia que algo había cambiado, que la mujer que yacía entre aquellas sábanas ya no era ella y que no volvería a ser la misma.

Querido lector, ¿quién eres?, ¿qué haces aquí?, ¿qué andas buscando?

¿Crees que vas a encontrar algo valioso aquí?, ¿algo que realmente valga la pena? Te diré dos verdades: la primera, si meditaste los interrogantes planteados en Principia, quizá encontraste una llave. Bien, esa llave desvela una puerta en cuyo descanso nace un sendero. La segunda, tendrás que elegir si recorrerlo o voltear la puerta y cerrarla. Si eliges cerrarla, mañana volverás a despertar siendo lo mismo que hoy eres, con los mismos miedos e inseguridades, defectos y virtudes, y te habrás negado la oportunidad de crecer. Si cruzas el umbral, comenzarás el mayor viaje que hayas hecho jamás, un viaje hacia el interior.


“Te advierto, quien quiera que fueres. Oh! Tu que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo, aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tu ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?. En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses.”

Inscripción completa encontrada en el pronaos del templo de Apolo Pitio, en Delfos


Déjame advertirte que la elección no carece de trascendencia, pues no será un paseo liviano.

No querido lector, no será corto; no será fácil. En el camino enfrentaras días de tormenta, libraras colosales batallas, descubrirás que algunos héroes solo eran fantasmas y lidiaras con gigantes emociones como la rabia y la impotencia, como la tristeza y el desánimo que te provocarán sus adversidades. Escucharás sibilinos susurros de desaliento: “no puedes hacerlo”, “es mentira, una pantomima”, “es imposible, inalcanzable, un sueño”, “no está en tus manos”, “no depende solo de ti”. Tendrás que afrontar dilemas a los que solo tú podrás dar respuesta. Incluso puede que un día amanezcas clamando al cielo: – Ya… ya no aguanto más… -. Y puede que ese día te rindas y sea el final de tu viaje o puede que la vida te dé una nueva motivación por la que continuar, que saques fuerzas de tus adentros y te levantes, enfrentes tu sino y continúes caminando, victorioso, hacia la siguiente prueba. Al final del viaje, una mirada con un brillo distinto; un aura renovada, más intensa; un alma aprendida; alguien cuyos ojos alcanzan a ver un mundo distinto, más profundo,…; tu nuevo YO.


“No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.”
Lucio Anneo Séneca


Entonces, ¿estás decidido/a?, ¿te atreves a seguir leyendo? ¡Pues hagamos las maletas!

Para comenzar esta aventura necesitamos llenar nuestra mochila con algunos objetos que mencionaré a continuación. Allá vamos:

  1. Espejo de introspección, para buscar dentro de nosotros aquello que no podemos encontrar fuera.
  2. Sandalias de Hermes, para tomar distancia de nuestra realidad y poder ver el bosque desde arriba, en contexto.
  3. Una camisa de lino. Nos sentiremos más livianos sin esa coraza de placas que llevamos durante años y que confina nuestro ego.
  4. Una túnica de seda, porque como seres de carne que somos, somos vulnerables, y necesitaremos abrigo. Quizá más adelante sintamos compasión de alguien que encontremos por el camino y se la podamos regalar.
  5. Tapones de cera, para escapar del canto de las Sirenas. Porque necesitaremos silencio para escuchar nuestra voz interior y así saber cuando obramos bien y cuando podríamos haberlo hecho mejor.
  6. La venda de ojos que perdió Narciso, para no cegarnos con nuestras propias conquistas y poder amar a los demás.
  7. Reliquia de la aceptación, para no renegar de nuestro pasado. Para aceptar que no somos dioses y podernos perdonar los errores que hayamos cometido y los que vayamos a cometer.
  8. Una brújula dorada que nos muestre el centro, para saber donde estamos cuando nos sintamos perdidos. Siempre estamos en el centro pero a veces lo olvidamos.
  9. Un mapa que nos guié hasta nuestros cimientos, hasta lo que realmente importa.
  10. Un objeto muy valioso. Más adelante descubriremos su cometido.
  11. Una lampara de aceite, para descubrir los tesoros que hemos pasado por alto todo este tiempo.
  12. Una peonza, para poder despertar cuando acabe el viaje y volver a poner los pies en la tierra.

Estos son los aparejos, suficientes y necesarios, para emprender nuestra búsqueda personal. Con ellos y nuestra fuerza de voluntad, día a día, superaremos pruebas que nos harán crecer como personas, teniendo siempre presente que:


“No se trata de ser mejor que otra persona, se trata de ser mejor de lo que eras el día anterior”
Frances Ondiviela


Da igual en que momento de tu vida te encuentres, da igual que seas joven o anciano, rico o pobre, estés enfermo o sano, puedes unirte a esta aventura que será la tuya. Porque al final de cada etapa siempre aparecerán nuevas llaves que te darán acceso a nuevos caminos que recorrer, nuevos retos que afrontar, nuevas victorias que conquistar. El viaje nunca acaba; tan solo tienes que encontrar el sentido, el próximo objetivo, la siguiente llave. Ese camino infinito tiene un nombre, VIDA.

¿Te atreves a vivir?

 

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