A mis 32

El camino que nos toca recorrer está lleno de sorpresas. Nunca vas a estar preparado para las que te toquen a ti, sean dichosas o sombrías, pues eso es parte de adquirir experiencia. Y descubrir cuán gratas o desafortunadas son las que te esperan, es algo nunca podrás evadir.

 

A mis 32…

 

…Interioricé, que el foco de nuestra “suerte o desgracia”, no lo debo reducir al punto exacto del camino en el que me encuentro, sino que debo expandirlo al lugar al que quiero llegar, elevándome por encima de las circunstancias. ¿Por qué sufrir, valorando un hecho concreto, si no conozco como me hará sentir al final del trayecto? Quizá juzgue erróneamente y sufra sin sentido lo que ahora veo como algo terrible, y más adelante, cuando pueda mirar con retrospectiva al pasado, se convierta en un paso necesario que me permitió lograr algo extraordinario. O quizás no, quizá sea verdaderamente terrible y provoque un punto de inflexión en mi vida. La moraleja es que no puedo saberlo, de modo que, ¿para que voy a sufrir la vida, pudiendo “vivirla”?.

 

…Acepté que este momento es solo uno más, para bien o para mal, y que de él me quedarán los recuerdos y aprendizajes que sea capaz de recoger, así como las memorias de los momentos nefastos que no sea capaz de superar.

 

…Aprendí que aún siendo valiosa la enseñanza recogida, lo que llena el registro de nuestra memoria, es como vivimos las situaciones, como nos hacen sentir. Por ello he decidido dejarme sorprender por los pequeños momentos del día a día, destellos de felicidad, y he dejado de vivir con apego aquellos momentos que, siendo parte de la vida, me provocan sufrimiento.

 

… Entendí que la vida es un terreno agreste, donde ser valiente es aceptar que todo lo que está por venir es lo mejor que me puede pasar, que todo lo que llega tiene algo que mostrarme y que aunque no soy dueño de lo que me sucede, si lo soy de como quiero lidiar con ello: con paz y aceptación o con dolor y resignación.

 

… Comprendí que estoy en el centro de mi existencia y soy el único que puede cuidar de ella, reclamando ese lugar cuando alguien intente desplazarme. Puse límite a esos momentos en los que antes me dejaba herir por las palabras o actos ajenos, y el dolor generado se volvía una espiral de pensamientos que giraban en mi cabeza durante horas y días. Fui límite siendo espejo, mostrando a la otra persona como me hizo sentir, haciéndole consciente de ello.

 

… Vislumbré lo que significa Amar. Cerrando los ojos y dejando de pensar. Sintiendo el momento presente, el roce de tus labios calientes, la forma de apaciguar mi alma, de hacerme sentir “en casa”, de provocar silencio. Y es que veces las palabras están de más.

 

… Fui capaz de percibir el sufrimiento ajeno como propio. Cerré los ojos para sentir el dolor de aquellos que ven morir a sus hijos en busca de una nueva tierra. Oré por aquellos que se ven obligados a matar y morir por unas gotas de agua. Converse, abracé y lloré con aquellas personas que apenas tienen para subsistir y se sienten sumamente impotentes, no por ellos, si no por verse incapaces de sustentar a sus familias, por escuchar a sus hijos decirles “papá tengo hambre” y no poder ofrecerles nada que llevarse a la boca. Di lo que podía dar, ayudé lo que pude ayudar.

 

… Sentí el concepto de Vacío. A veces perdí el sentido y me sumí en el existencialismo. Ese estado en el que los acontecimientos te atropellan, te sobrepasan y aún así no consiguen hacerte reaccionar, pues piensas que no hay nada que esté en tu mano hacer.

 

… Me desgarro la lejanía de seres queridos. Malditos teléfonos que no son capaces de llevarme contigo cuando te necesito. Maldita cobertura que no llega al cielo…

 

… Alguna vez me aleje del camino, me olvide de responsabilidades, de ataduras y fui libre por unos instantes.

 

… Aprendí a tener Paciencia pues la vida me hizo esperar. Durante la espera, una vez ganada la calma, recordé que si no lograba avanzar era porque la vida aún me tenía algo que enseñar.

 

… Conocí el significado de Paz. Estar en paz significa sentirse y ser capaz de reclamar y proteger lo propio. Lo propio es aquello que no abarca más allá de la piel, la mía y de mis seres queridos. Lo demás, lo externo, son banalidades.

 

 

A mis 32 doy las gracias cada mañana por todo lo que tengo, por las personas que están a mi lado y por aquellas a quien he conocido, pues sus huellas me han llevado a ser quien soy.

 


A mis 32, más que nunca, sigo creyéndome pequeño, sigo creciendo, sigo aprendiendo a vivir.


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *